lunes, 5 de diciembre de 2011

Irán y la bomba

En la prensa occidental se comenzó a conjeturar si la guerra contra Irán ya ha comenzado. O en todo caso si no ha empezado la fase de sabotaje. Asesinatos de científicos, explosiones en bases militares y virus informáticos que atacan a los sistemas de las instalaciones nucleares iraníes, conforman un conjunto de episodios que señalan una tendencia temeraria. Veamos
--Enero 2010.  Es asesinado el físico Massoud Ali-Mohammadi ; se desconoce en qué proyecto estratégico trabajaba el investigador.   
--Agosto 2010.  Es asesinado Reza Baruni, ingeniero aeronáutico responsable del programa de  vehículos aéreos no tripulados.
--Octubre 2010. Explosión en base militar de Iman Ali, donde se almacenan misiles de medio alcance; 18 muertos.  
--Noviembre 2010. Virus Stuxnet infecta la planta de enriquecimiento de uranio.
--Noviembre 2010.  Es asesinado el científico nuclear Majid Shariari.  El mismo día fracasó el intento de asesinato del científico Fereydom Abbasi.
--Julio 2011. Es asesinado el científico Daryoosh Rezai Nejad.  
--Noviembre. 2011  Explosión en una base de desarrollo de cohetes; mueren 17 personas, entre ellas el “padre” del proyecto misilístico iraní, el General Hassan Tehrani Moghadddam.   Los iraníes afirman que fue un accidente.
--Noviembre 2011. Nueva versión del virus Stuxnet, denominada Duqu, ataca a diversos dispositivos informáticos iraníes. Las autoridades dicen que están lidiando satisfactoriamente contra el virus.   
--Noviembre 2011. Explosión en planta de conversión de uranio, en Isfahan. Irán no reconoce el hecho.    

Obviamente, el principal sospechoso es Israel, en colaboración con los británicos y los estadounidenses. Si bien la lista de episodios no es impresionante, sí muestra una capacidad no desdeñable para hacer daño a componentes sensibles del desarrollo científico y militar iraní.  Los científicos iraníes con convicciones fuertes sobre el trabajo que están realizando seguramente no se arredrarán por los ataques sufridos por sus colegas, pero los científicos extranjeros que colaboren con los iraníes se la pensarán dos veces antes de intervenir.  La cuestión no es menor, dado que el desarrollo de tecnología nuclear y misilística es muy complejo y no es posible pensar que un país pueda avanzar solamente con sus recursos científicos internos. Mucho más si se piensa que el cerco económico montado por EE UU, la UE y sus aliados árabes,  se agudiza cada día más.  

Irán no está en camino de realizar una bomba nuclear porque no tendría ninguna utilidad estratégica.  Solo justificaría una mayor hostilidad por parte de Washington y sus aliados, y seguramente un ataque militar a las instalaciones. Suponiendo que construya dos o tres bombas y que también tenga los misiles adecuados, qué utilidad tendría frente al arsenal israelí (más de cien dispositivos) y el estadounidense.  Los realistas dicen que tener armas nucleares infunde respeto y evita invasiones (como las sufridas por Irak, o el ataque a Libia); al respecto aducen el caso de Corea del Norte, pero en aquel empobrecido país asiático la garantía de seguridad la ofrece una sociedad totalmente militarizada y la protección china.  La fortaleza de Irán reside en un frente interno unido (aunque esto es discutible), una ideología compacta (el islam) y los recursos petroleros; las bombas nucleares no agregarían nada y serían un problema adicional. 

Lo que sí busca Irán es un mayor control del ciclo del combustible nuclear (procesamiento y enriquecimiento de uranio; algo totalmente legítimo). Los enemigos de Irán dicen que el control del ciclo del combustible es igual a tener la bomba; lo que es como decir que tener agua y harina sobre la mesa es lo mismo que tener pan.  

Cuando se analiza con imparcialidad los documentos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) es claro que Washington no tiene pruebas del desarrollo de un plan secreto por parte de Irán que, es bueno recordar, tienen todas sus instalaciones nucleares permanentemente vigiladas según los procedimientos de la AIEA, dado que Irán es miembro del Tratado de No Proliferación Nuclear.  Hasta 2009, la AIEA estaba presidida por Mohamed el-Baradei, un egipcio (próximo candidato a presidente de Egipto en 2012) que intentó, a pesar de las presiones, mantener cierta imparcialidad. Luego, con fuerte presión de las potencias, fue designado el japonés Yukio Amano, quien sigue a pie juntillas el guion estadounidense.  No obstante, a pesar de lo que dice la prensa occidental, cuando se leen los documentos de la Agencia, no hay nada nuevo y todos son conjeturas y suposiciones sobre las intenciones iraníes. Poco, muy poco, como para justificar un casus belli en el Golfo Pérsico.