martes, 6 de diciembre de 2011

La re re de Putin

Cuando 20 individuos entran a una habitación donde hay cinco sillas, se sentarán aquellos más decididos, valientes, astutos e inescrupulosos.  Cuando se derrumbó la URSS se quedaron con la riqueza existente  los más decididos, valientes, astutos, inescrupulosos….y organizados (léase, los ex KGB). En cuestión de meses miles de millones de dólares de activos del extinto Estado soviético pasaron a manos de particulares, sin más derechos que su arrogancia y avaricia.  Cuando una sociedad entra en crisis profunda, cuando todo parece disolverse en el aire, la economía y la política se “fusionan” de una manera que nos parece grotesca. Es que estamos acostumbrados, en nuestras “tranquilas” sociedades occidentales, a que los “dueños del dinero” y los “dueños de los votos” sean grupos de personas diferentes.  En Rusia no; en el país más grande del mundo, Putin y su grupo controlan los principales recursos económicos del país: el gas y el petróleo y un conglomerado diversos de grandes empresas y bancos. Basado en esa riqueza, y en su liderazgo, el ex KGB consolidó su poder y le dio cierta estabilidad al país, algo que los rusos agradecieron…..por lo menos hasta ahora.

Las elecciones en Rusia dejan mucho que desear porque se realizan bajo un “sistema político fusionado”.  Todos los actores político partidarios parecen marionetas sometidas al arbitrio del Jefe y el Parlamento carece de influencia sustantiva.  Después del enroque con Medvedev, Putin volverá a presentarse para las presidenciales de marzo de 2012 (lo que le permitiría estar en el cargo hasta el 2024), pero lo hará con una sociedad cada vez más cansada de un ejercicio del poder que no puede disfrazar su evidente despotismo; de un sistema que no logra conformar la “separación” de lo económico y lo político.  El sistema pareciera congelado en ese momento originario cuando Putin y su grupo se apoderaron de los recursos políticos y económicos del país.  No ha habido circulación de elites ni juegos de negociación entre grupos, y la vuelta de Putin a la presidencia parece confirmar el frustrante hecho político de que nada cambiará. A los sistemas de poder concentrado les cuesta las transiciones; se les dificulta madurar a un estadio donde el cambio de nombres no supone modificaciones sustantivas del sistema. Occidente se solaza con esta inmadurez, pero no seamos ingenuos;  las grandes potencias no atacan a Putin por ser antidemocrático sino en tanto y en cuanto defensor de los intereses de Rusia: ¡cuanto mejor sería para ellos un “buen amigo de la democracia y las inversiones extranjeras” !!

La baja del caudal electoral del partido de Putin, Rusia Unida, en las recientes elecciones parlamentarias (de los 450 diputados de la Duma, Putin consiguió 238; antes tenía 315)  trasunta el cansancio de los votantes y la repulsa a la rigidez del sistema, pero, también, los guarismos generales expresan la ausencia de opciones reales. La paradoja reside en que quizás la instancia política más alternativa al orden reinante sea el Partido Comunista, que alcanzó el 20% de los votos el domingo pasado.  Que las viudas del viejo orden sean la mejor representación de la frustración reinante expresa una dialéctica perversa.  

Las elecciones parlamentarias han mostrado una pequeña fisura, un tenue resquebrajamiento del régimen.  A pesar de las manipulaciones y trampas denunciadas, los guarismos electorales ya no reflejan una Rusia Unida invencible y arrolladora. Que los optimistas se entusiasmen, ….a mí, por ahora, me cuesta.  





Parece que el funcionario electoral está haciendo trampita.  La gestualidad parece confirmarlo, pero quien sabe.....