martes, 20 de diciembre de 2011

Siria: mañana digo basta.

El presidente Bashar al Asad afirma que las potencias extranjeras patrocinan las revueltas y es verdad; también advierte que hay peligro de una islamización de la sociedad y eso es una verdad menor. Siria cuenta con un gobierno secular y si bien el islamismo ha resistido con uñas y dientes este proceso no parece ser posible la conformación de un escenario del tipo saudí en el país.
Pero lo que Bashar pierde de vista (o que pareciera estar políticamente incapacitado para comprender)  es que está ante una revuelta popular en toda la línea.  Esa es la verdad más grande de todas con la que tiene que lidiar y es la que pone su futuro político en vilo. El jefe está frente a una revuelta que le pide el fin del partido único, elecciones parlamentarias libres y prensa sin restricciones. Infiltrados, agentes de potencias extranjeras e islamistas duros pueden medrar con la revuelta pero nunca podrán crear una de esta magnitud. 
La respuesta del gobierno ha sido la dura represión por un lado y cierto ablandamiento por otro.  El palo es claro, mientras que las zanahorias tienen diversos colores y tamaños (cambio de la ley electoral, fin del partido único, liberación de presos políticos, aumento de salarios, etc), pero en el contexto de violencia reinante parecen siempre insuficientes y poco creíbles.
A la distancia, según mi intuición, pareciera que Bashar es un blando rodeado de duros.  Recordemos que asumió el poder hace diez años después de la muerte de su padre y que gobernó hasta ahora con el viejo tinglado político y represivo que tiene más de cuarenta años.  A pesar de algunas buenas intenciones de reforma todo quedó igual. Ahora le ha llegado la hora de reformas de verdad. Yo creo que estaría dispuesto a llevarlas a cabo pero está rodeado por los viejos camaradas de su padre que siempre han practicado la represión y saben poco de componendas. Quizás sea una visión ingenua.  Pero en este tipo de casos siempre está el ala dura y la blanda y yo apostaría que Bashar se volcaría por los blandos si pudiera, pero parece que el poder en estos momentos lo tienen los duros (especialmente su hermano Maher) Son aquellos que piensan que cualquier tipo de debilidad podría ser fatal. En fin, pura intuición lo mío.  Aunque después de todo esto no es cuestión de intenciones de una o dos personas, por más poderosas que sean; existe una lógica del sistema, una historia, y en el caso sirio estamos frente a un sistema de control férreo. Siria se parece más a Libia que a Egipto, dado que no tiene un ejército autónomo sino más bien fuerzas armadas políticamente controladas por fuerzas especiales leales al jefe y por el partido de gobierno, el Baaz. 
El país está crecientemente aislado.  Solo Irán permanece a su lado. Los rusos y chinos han parado una resolución del Consejo de Seguridad muy dura contra el país y están elaborando una propia, un poco más blanda. La situación económica empeora día a día (escasez, inflación, cortes de energía y falta de combustible); hay varias resoluciones de las potencias que restringen las operaciones económicas con el país. Los brotes de guerra civil ya son evidentes; los rebeldes han formado el autodenominado Ejército Libre de Siria cuya formación es incierta, y para muchos más un sello de goma que un cuerpo con potencia militar efectiva. Según informa el Crisis Group, hay zonas del país, muy limitadas por ahora, donde las fuerzas leales tienen poca o nula presencia y ya están siendo dominadas por las fuerzas rebeldes y los focos de inseguridad se están multiplicando.  En esto de las fuerzas militares rebeldes hay que andar con cautela: todos mienten.
Por su parte, el ala civil de la resistencia, el Congreso Nacional Sirio, se reunió en Túnez. El Congreso tiene una legitimidad débil y su composición es difusa (son aproximadamente 250 miembros, muchos de ellos personas que han vivido en el exilio) Recientes declaraciones del presidente del Consejo, Burhan Ghaloium, sobre que la futura Siria cortaría relaciones con Hizbulá e Irán, no cayeron de la mejor forma en muchos miembros del Consejo.   Aunque los jefes del ala civil y el ala militar de la resistencia se han reunido una vez, mantienen caminos paralelos y más bien cierta desconfianza, dado que el Congreso aboga por la salida pacífica. No obstante, es necesario remarcar que al interior del país la resistencia no está organizada y en cada localidad y región los grupos tomas sus propias decisiones. Todavía son muy débiles para conformar un cuerpo nacional o algún tipo de coordinación a nivel general.
La buena noticia para Bashar por ahora es que hay un porcentaje de la población que todavía duda de sumarse a aquellos que desean el cambio total. El incierto futuro todavía genera cautela en muchos (especialmente en las elites y clases medias de Aleppo y Damasco, las dos principales ciudades de Siria), aunque si la violencia sigue creciendo quedará poco espacio para los indecisos.  

Finalmente se ha aceptado la misión de la Liga Árabe para que sea testigo de la situación en el país. Puede ser un paso importante porque la Liga sea quizás el único cuerpo político, junto con Turquía –hasta hace poco buen aliado de Siria-, con la capacidad para gestionar algún tipo de transición o negociación política. Por primera vez habrá un cuerpo de testigos de los hechos cuyas afirmaciones tendrán un verdadero peso y sus declaraciones y perspectivas pueden sesgar el curso de los hechos.  La presencia de la Liga en el país es otra muestra de debilidad del gobierno, porque la Liga no es neutral; hegemonizada por Arabia Saudí está claramente por el “cambio de régimen”.  Pero a pesar de esto quizás también podría encarnar el principio de  una salida negociada. Ingenuo otra vez?