Si en Argentina hubiera una dictadura y la comunidad internacional exigiera un cambio democrático y popular debería estar dispuesto a aceptar un gobierno peronista, en alguna de sus variantes. A los observadores externos se les debería decir: Si no les gusta el peronismo, entonces piénsenlo dos veces antes de pedir un “cambio democrático”.
Digo esto a cuento de lo que pasa con la Primavera Árabe. El cambio popular y democrático en los países árabes supone la toma del poder de grupos islámicos, en la mayoría de los países de alguna versión de los Hermanos Musulmanes. Ellos son mayoría, están organizados y han superado las décadas de represión sufridas, en la mayoría de los casos por parte de sistemas de perfil laico. Su ideología tiene algunos aspectos que son ajenos a los valores republicanos teóricos, de tipo individualista, en donde, entre otras cosas, se supone que la mujer tiene los mismos derechos que los hombres. Se supone, claro. El artículo de Espinosa lo ilustra bien para el caso de Yemen. En ese país se libraron del dictador y ha habido elecciones para legitimar una cierta transición comandada por el segundo del dictador. Sí, gatopardismo, pero la oposición prefirió ir “paso a paso” y tragarse el sapo. La cuestión es que el islamismo y sus valores empiezan ahora a campear por la sociedad en una forma más contundente y algunas personas comienzan a sentirse perturbadas. En los países árabes, gobierno de mayorías es gobierno del islam, más o menos integrista. Así que si no te gusta el islam, ojo con pedir “cambios democráticos”.