miércoles, 23 de noviembre de 2011

Drones: matar sin salpicarse.

Los vehículos aéreos no tripulados (VAnT) , más conocidos como drones, han marcado una nueva era de las operaciones militares.  Por primera vez es posible, con un mismo dispositivo y si poner en peligro a la propia tropa,  vigilar en tiempo real  y atacar una posición con el fin de eliminar a un solo individuo. Como dicen los militares estadounidenses, ‘warheads on foreheads: te damos con la bomba por la cabeza. Fueron los estadounidenses los primeros en experimentar con este tipo de artefacto en Vietnam,  aunque por aquellos tiempos los problemas tecnológicos todavía era insuperables.  Inicialmente fueron utilizados para operaciones de vigilancia, pero ahora cargan misiles y bombas laser con poder letal.  Después de EE UU, Israel es quien marca el paso en este tipo de dispositivo.  Ya en la guerra del Líbano de 1982 se observa la utilización de drones en la modalidad de ataque,  y en los últimos años se volvieron habituales en la Franja de Gaza en lo que se denominaron “asesinatos selectivos” de líderes palestinos.  Hasta setiembre de 2011, Washington se mostró siempre incómodo y hasta reacio con este tipo de asesinato realizado por su aliado; después de los atentados de ese mes, el espíritu guerrero se hizo incontrolable y los remilgos para utilizar drones en ataques mortíferos se evaporaron. 

Los modelos estadounidenses más conocidos de este tipo de aeronaves  son el Predator  y el Reaper.  El primero  se usa, sobre todo, para reconocimiento y vigilancia, aunque puede portar  dos misiles Hellfire.  Alcanza los 217 kilómetros por hora, y cuenta con una autonomía de 700 kilómetros y un círculo de error probable (CEP) de 3 a 8 metros (valor aproximado 14 millones de euros). El Repaer, por su parte,  puede ir cargado con 14 los misiles Hellfire o cuatro de éstos y dos bombas de 500 libras guiadas por láser; posee un CEP de 10 a 13 metros  y tiene una autonomía de 1.800 kilómetros en vuelo (valor: 37 millones de euros).  Sentado cómodamente en alguna base en EE UU el operador puede escudriñar las recónditas montañas de Afganistán y Pakistán o las áridas arenas de Yemen, y si la imagen es buena y la certeza también, decidir volar por los aires al objetivo, quien muchas veces se va al otro mundo sin saber qué fue lo que sucedió.

En su modalidad mortífera, los militares los utilizan mayormente en Afganistán e Irak y la CIA, por su parte, en los países no oficialmente ocupados: Pakistán, Somalia o Yemen. Que la CIA utilice este tipo de armamento es toda una novedad dado que a lo largo de su historia la agencia fue más bien una organización de inteligencia y sus funciones paramilitares siempre estuvieron muy limitadas; ahora Langley también talla duro en el arte de matar con tecnología bélica de gran sofisticación y en escala mayor a la habitual.  Lo que supone un problema adicional, dado que los civiles no están protegidos por las leyes de guerra.

La violación del derecho internacional que significan estas operaciones no han provocado demasiado ruido  en los países “atacados”;  Pakistán y Yemen son más bien condescendientes y aprueban tácitamente, y Somalia es demasiado débil, casi un no-estado.  En Yemen fue donde por primera vez,  en el año 2002, cae abatido mediante un VAnT  un ciudadano naturalizado estadounidense, Kamal Derwish (también conocido como Ahmed Hijazi); en este caso como víctima colateral afectada por encontrarse cerca del verdadero objetivo:  un pez gordo acusado de planear el atentado al USS Cole.  Si bien Bush dio carta blanca para el uso de drones, Obama ha mostrado mayor fervor con este tipo de dispositivos. El país más afectado ha sido Pakistán, en donde se calcula que ya han sido asesinados más de mil personas; muchas de ellas fruto de lo que se denomina “daño colateral” 

El argumento esgrimido por Washington para legitimar  los ataques señala que los mismos forman parte de las operaciones de una guerra global contra un enemigo irregular. Las personas atacadas son combatientes y su supresión violenta es un acto de legítima defensa, se aduce. Adicionalmente, la ley aprobada poco después de los atentados a las Torres Gemelas ( “Autorization for use of military force  against terrorist”) legitima la postura del Ejecutivo dado que le da al presidente  la autorización para utilizar “ todas las fuerzas necesarias y apropiadas” contra  aquellos “ que el ejecutivo determine que han planeado, autorizado, cometido o ayudado a cometer los ataques terroristas que ocurrieron en setiembre 11  y para prevenir  cualquier acto futuro de terrorismo internacional contra los EE UU”  Esta pieza de legislación es fundamental para la protección jurídica del ejecutivo.     

Los asesinatos han desatado una feroz polémica como no podía ser de otro modo. Nadie conoce a las personas que elaboran las listas de los posibles blancos ni los “criterios de peligrosidad” utilizados.  No hay reconocimiento oficial de esta lista y solo existe información “off the record”.  Según la prensa,  para los objetivos  más importantes, el presidente da el visto bueno a la operación. Ese fue el caso cuando se dio la orden en setiembre de 2011  para asesinar a un ciudadano estadounidense nativo de Nuevo México, Anwar al Awlaki, quien había abandonado EE UU en 2004  y residía en Yemen desde donde emitía flamígeros mensajes de odio contra su país natal. Obama lo calificó de “jefe de operaciones externas” de Al Qaeda en la península arábiga, aunque algunos lo dudan y creen que su mayor peligrosidad residía en la utilización de su fluido inglés para desarrollar su capacidad propagandística a favor de la jihad.  Los organismos de derechos humanos redoblaron su protesta cuando un par de semanas después del asesinato de Awlaki cae abatido también por un drone su hijo Abdulrahman de 16 años; en este caso como víctima colateral. 

Los que se oponen a la medida aducen que  no había ninguna acusación contra al Awlaki en estrados judiciales estadounidenses y que Yemen no puede ser considerado como “escenario bélico”. Si al Awlaki era peligroso, afirman, debió ser detenido.  “El presiente Obama reclama para sí el poder de actuar como juez, jurado y ejecutor mientras no existe nada parecido a una instancia de debido proceso. Toleraríamos que China o Francia decidan secretamente ejecutar a sus enemigos dentro de EE UU ?”, se preguntaba Vince Warren, director ejecutivo de Centro para los Derechos Constitucionales (Center for Constitutional Rights)  “Los asesinatos selectivos violan el derecho interno y el internacional, dijo Jameel Jaffer, de la Unión Americana de Libertades Civiles (American Civil Liberties Union), “..este es un programa bajo el cual ciudadanos americanos lejos del campo de batalla pueden ser ejecutados por su propio gobierno sin un proceso judicial, sobre la base de estándares y evidencias que se mantienen en secreto no solo del público sino también de los jueces”.

Pero Washington estimaba que su captura era imposible dada la renuencia y debilidad de las autoridades yemeníes, y  prefirieron dejar un mensaje claro: en la “guerra contra el terror” no hay privilegios nacionales ni cielos protectores. Si bien por ahora los asesinatos selectivos se realizan en las “zonas blandas” del mundo donde el poder central es débil: las regiones tribales pakistaníes , el sur de Yemen o las zonas asoladas por la guerra civil somalí, es seguramente posible que el uso de este tipo de dispositivo será creciente y deparará muchas sorpresas desagradables en el futuro.   Especialmente cuando los países que ya están desarrollando la tecnología de los drones se tienten ellos también con la maravillosa posibilidad de “asesinar desde lejos”.