Deng Xiaoping, el padre de la nueva modernidad china, decía que la política exterior de Beijin debía tener bajo perfil; “esconde tus capacidades y espera tu momento”, aconsejaba el viejo líder. Pero China ahora es un país poderoso y aunque los chinos quieran mantener el sigilo, las circunstancias los han llevado a ponerse la corbata y cumplir el rol de mediador principal en un conflicto severo que se desarrolla lejos de casa, en Sudan.
Sudan se partió en dos este año. El norte árabe y el sur negro. Los de raza negra crearon Sudan del Sur después de décadas de guerra de secesión. Sudan del Sur tiene petróleo pero los oleoductos para sacar el oro negro hasta el Mar Rojo debe pasar por su enemigo mortal, Sudan. Y por supuesto no se ponen de acuerdo en cuánto deben pagar los nuevos sudaneses por la utilización de los oleoductos. Los chinos son aquellos con mejores chances de solucionar el conflicto porque han hecho las principales inversiones, compran el combustible y son uno de los pocos que tiene relaciones con Sudan, aislado por su política en Darfour
Veremos como Liu Guijin, el delegado enviado por Beijin, resuelve el entuerto. Deberá apurarse porque los franceses ya están ofertando construir un oleoducto para sacar el petróleo por Kenia. Tarde o temprano le iba a llegar la hora a Beijin de dar la cara en este tipo de conflictos; con miles de millones de dólares invertidos en África, los consejos del viejo Deng deberán archivarse y los representantes del Estado comunista no avergonzarse del poder que emana del dinero.