nunca volverán…..?
Aunque muchos pensaban que Obama estaba alardeando, el Presidente cumplió con su promesa y en 2012 no habrá soldados estadounidenses en Iraq. Se negoció para que quedaran algunos miles de efectivos pero el Congreso iraquí se negó a brindarles inmunidad judicial y entonces Washington prefirió levantar campamento en forma total. Quedan miles de mercenarios (“contratistas”, según jerga diplomática) y decenas de agentes de la CIA, pero la retirada supone un mojón muy importante en la historia de la política exterior estadounidense.
El país estaba agonizando en 2006 y 2007 cuando la guerra civil entre sunitas y chiitas (y entre sunitas aliados a EE UU vs sunitas aliados a al- Qaeda….así de compleja es la cosa en Irak) se encontraba en su apogeo; ahora el país está en una silla de ruedas destartalada. Ha habido elecciones pero las facciones kurdas (20% de la población, aproximadamente), sunitas (20 %; los grandes perdedores después de la caída del sunita Saddam Hussein) y chiitas (60%) apenas se ponen de acuerdo: lo único en que por ahora coinciden, aunque con muchas reservas, es en no desmembrar al país.
El control político del gobierno lo tienen los chiíes, en alianza inestable con los kurdos; mientras los suníes toman las migajas. Pero lo que complejiza el análisis de la política iraquí es que dentro de cada facción a su vez hay fuertes disidencias. Después de diez meses de acaecidas las elecciones las partes todavía no se habían puesto de acuerdo en la designación de algunos cargos importantes como el Ministerio de Defensa. Esto deriva en un gobierno semi paralizado, donde la lucha política mezcla los votos y los asesinatos. La producción petrolera se recupera lentamente y es el recurso esencial que mantiene unido a un país que parece estar cerca de la disgregación. Dicho de una manera más cínica: la clase política está tan ocupada en saquear la riqueza generada por el petróleo (alrededor de 60 mil millones de dólares anuales) que por ahora decide mantener “la unidad” que los estadounidenses les exigen. Pero la dialéctica de la política es impredecible y los recursos petroleros podrían ser el motivo de la fragmentación nacional si se exacerban las intenciones kurdas para quedarse con “su” petróleo.
Entre los efectos negativos más notorios de la costosa intervención estadounidense (3 billones, según Stiglitz) se encuentra la profunda rivalidad generada entre suníes y chiíes. Hoy la política de la región se puede entender a partir de ese eje de conflicto: el tándem conformado por el Irán chií, el gobierno predominantemente chií de Iraq y Siria (gobernada por el alawismo, una variante del chiismo), versus el frente sunita: Arabia Saudita, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Egipto. La retirada estadounidense abre espacio para la consolidación de la influencia iraní en Iraq. De ahí se explica la virulencia de Washington contra Teherán y ahora el acoso a Siria: es un intento de neutralizar y debilitar el frente chií. Si cae Siria será un duro golpe para Irán. Si Bashar al-Asad permanece en el poder Teherán tendría más espacio para intentar consolidar su posición en Iraq. En ese caso, EE UU no dudaría en desmembrar el país y darle carta libre a los kurdos en el norte y a los suníes del este para que se “independicen” del poder chií encabezado por el chií Nuri al Maliki en Bagdad.